Actas XI Católicos y Vida Pública | La propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio

132 actas del xi congreso católicos y vida pública Que la organización social colabore en que tengamos una vida plena en todos los sentidos y no sean las instituciones sociales de las que nos dotemos un obstáculo para esta pretensión. El bien común busca este objetivo a partir de la colaboración entre los miembros de la sociedad, del trabajo en común. La cooperación social es, pues, la base sobre la que se puede construir este bien común. De hecho, el ideal del bien común precisa de la existencia de la armonía social, del equilibro de la vida en sociedad que requiere del respeto a las personas y a sus derechos fundamentales, que todas las personas y sus grupos, incluidos aquellos que son minoritarios, gocen del debido respeto y de la plenitud de los derechos, lo que les facilite la convivencia armónica con otros colectivos sociales. Al mismo tiempo, el bien común precisa que todos alcancen un determinado desarrollo social y material que les permita llevar una vida digna, que no haya excluidos económicos, personas cuyas condiciones de vida sean tan pobres que les impidan desarrollarse como tales. Por último, para el bien común es necesaria una paz social que asegure la estabilidad, que impida el reinado de la violencia y el poder de quienes la utilizan para que se cumplan sus objetivos. Ese entorno pacificado es el que permite una convivencia armónica entre aquellos que son diferentes y que tienen distintas visiones de la realidad y diferentes objetivos vitales y grupales. Para entender cómo construimos este bien común, es bueno recordar que este debe ser considerado como un derecho de todos los ciudadanos, ya que todos deberíamos estar en disposición de exigir a nuestros gobernantes una organización de la sociedad que, no solo no resulte un obstáculo para nuestros anhelos de gozar de una vida plena, sino que los favorezca en todo lo posible. El Estado tiene el deber de poner el bien común como la guía suprema de su actuación. Ahora bien, lo mismo que es un derecho de todos y el objetivo principal del Estado, debemos recordar lo que decía Juan XXIII en su Pacem in terris (53) “Todos los individuos y grupos intermedios tienen el deber de prestar su colaboración personal al bien común”. Es decir, que el bien común es también un deber de todos los miembros de la sociedad. Una organización social adecuada no se puede lograr si no existe esa cooperación entre los ciudadanos, sus organizaciones y el Estado para lograr el bien común. Construirlo y garantizarlo, no solo es una función del Estado, sino que todos tenemos que colaborar en ello.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mjg1NTM0OA==