Actas XI Católicos y Vida Pública | La propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio

140 actas del xi congreso católicos y vida pública Parece evidente que el objetivo de crecimiento económico no cumple ninguna de las tres características que hemos visto como sustanciales a la definición del bien común sobre la que se ha trabajado. Esto ya lo comentaba Juan Pablo II en su encíclica Sollicitudo rei socialis (28) Ha entrado en crisis la misma concepción «economicista» vinculada a la palabra desarrollo. En efecto, hoy se comprende mejor que la mera acumulación de bienes y servicios, incluso en favor de una mayoría, no basta para proporcionar la felicidad humana. Ni, por consiguiente, la disponibilidad de múltiples beneficios reales, aportados en los tiempos recientes por la ciencia y la técnica, incluida la informática, traen consigo la liberación de cualquier forma de esclavitud. Por todo ello, si una sociedad economicista no logra el bien común, precisamos de un replanteamiento de nuestro paradigma con unas ideas que realmente nos lleven hacia una sociedad mejor y hacia la construcción de un verdadero bien común. del bien agregado al bien común “Es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Tanto el desarrollo integral, solidario y sostenible, como el bien común, exigen una correcta escala de valores y bienes” (Mensaje de su santidad Benedicto XVI para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz, 2013). Estas son las palabras que nos regalaba Benedicto XVI hace ya 10 años y son las que creo que nos deben guiar a la hora de plantear un nuevo paradigma que ponga la economía al servicio de las personas y haga que esta sea una ayuda para la construcción del bien común. La Doctrina Social de la Iglesia nos anima a que el objetivo económico sea otro, nos llama a que reorientemos la economía en otra dirección. Dos son los motivos que están detrás de esta propuesta de cambiar el objetivo hacia el que dirigimos nuestra economía. El primero es que “Tener objetos y bienes no perfecciona de por sí al sujeto, si no contribuye a la maduración y enriquecimiento de su ser, es decir, a la realización de la vocación humana como tal”

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