141 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio bien común y economía cristiana (Sollicitudo rei socialis, 28). Todas las personas debemos, para poder realizarnos como tales, disfrutar de suficientes bienes y servicios que nos permitan llevar una vida digna. Esta es una condición indispensable para poder ser libre, para poder desarrollarse como persona. Ahora bien, el tener debe ser precisamente esto, un medio para el ser, una manera entre otras para lograr tener una vida plena, para lograr crecer como persona, para madurar y para ser más humano. Porque tener más, no nos hace ni más ni mejores personas, no nos perfecciona como tales. La finalidad última del ser humano no puede ser el tener, esto es tan solo un medio para el ser al que hay que subordinarlo porque se corre el peligro de que, si no es así, pongamos nuestra persona y nuestro desarrollo al servicio del tener más cosas. Aquí es donde se encuentra el segundo peligro: que el afán de tener y las ansias de riqueza acaben dominando a la persona y a las sociedades y estas se conviertan en inhumanas. Porque algo que es [...] necesario para permitir que la persona sea más persona, puede encerrarla como en una prisión desde el momento en que se convierte en el bien supremo que impide mirar más allá. Entonces los corazones se endurecen y los espíritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad sino por interés, que pronto los hace oponerse unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva del poseer se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza; tanto para las naciones, como para las personas, la avaricia es la forma más evidente de un subdesarrollo moral. (Populorum Progressio 51) Es lo que Juan Pablo II denominó “idolatría del mercado” (Sollicitudo rei socialis 37 y Centesimus annus 40) y Francisco “idolatría del dinero” (Evangelii gaudium 55). Es decir, poner por encima de todo el afán de conseguir más o de conservar lo que ya se tiene a toda costa. El ansia de tener más entre todos, de lograr un crecimiento económico que parece que va a traernos mejoría para todos, pero que al final se convierte en una fuente de insatisfacción continuada. Francisco ha descrito esta cuestión partiendo de lo que ya aparece en el evangelio de Mateo “[...] no se puede servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24). Cuando el tener se pone por encima del ser, cuando la sociedad prioriza el crecimiento económico sobre otros
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