172 actas del xi congreso católicos y vida pública • que nos mantenemos abiertos al diálogo con otras concepciones e ideas, sabemos que estamos llamados a tomar todo aquello que contribuya a acrecentar en la verdad desde la razón, pero también a señalar lo que hiere esa identidad y la deconstruye, particularmente cuando va en contra de su propia naturaleza. Por eso reclamamos una verdadera libertad religiosa, libertad de creer y proclamar, anunciar y denunciar. El principio de neutralidad del estado frente a la religión y la separación que debe existir entre ambas instituciones no puede usarse como excusa para negar los principios y valores religiosos y su acceso e incidencia al espacio público. Tampoco debe servir para que, por el silencio que se requiere imponer a los creyentes, se use el poder para la imposición de una visión social y humana particular como si se tratase de una nueva religión social o política. En una sociedad que pretende ser inclusiva y pluralista la imposición de la corrección política y la cultura de la cancelación dirigida hacia quienes resistimos desde la fe y visiones distintas contradice los propios valores democráticos que se proclaman. Recordamos que esos valores y principios en los que se sostiene la democracia no serían posibles sin la igualdad, verdad, justicia y caridad proclamadas en el Evangelio. Sin libertad religiosa no tiene sentido hablar de las demás libertades humanas. Nos sentimos interpelados a la solidaridad y a la empatía que requiere la verdadera caridad cristiana que sale al encuentro de las periferias, de los marginados y excluidos y que nos obliga a enfrentar las inequidades sociales, estructurales y personales que invisibilizan a tantos de nuestros hermanos y hermanas. Denunciamos la economía que mata, que prima la propiedad privada y el acaparamiento sin límites contra las necesidades mínimas de cada persona. La actividad y consumo desmedidos que ponen en peligro los ecosistemas sociales y medioambientales, provocando mayor pobreza y la pérdida de los recursos más preciados del planeta, nuestra casa común.
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