173 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio El principio del bien común como finalidad de la actividad social de los cristianos nos debe mover a un modelo de convivencia que potencie la plenitud de todos, incluyendo la subsistencia del propio planeta de quien dependemos para la nuestra. Esta solidaridad requiere también una adecuada subsidiariedad que fomente el desarrollo de cada persona y de las instituciones intermedias más fundamentales para la transmisión de la fe, de los valores sociales más básicos, de la generación y transmisión de conocimiento y de movilidad social. En ello, la familia y la educación ocupan un lugar preferente. Haciendo eco de la Asamblea Eclesial Latinoamericana, reconocemos la necesidad de que toda familia sea acompañada y pueda sentir una iglesia inclusiva, comprensiva y tolerante que transmita esperanza y seguridad. Solo así podremos aspirar a que sea un lugar donde se transmita e irradie el Evangelio hasta el punto de que la misma vida de familia se haga itinerario de fe y, en cierto modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de Cristo. Exigimos el reconocimiento del derecho de los padres a determinar sobre la educación de sus hijos en todos los aspectos fundamentales para su pleno desarrollo. Deseamos recuperar el valor de la educación como bien social y no como una mera oferta más del mercado, a que se reconozca su aportación más allá del rendimiento que tenga para cada individuo por lo que implica para el bien común y el desarrollo más amplio. Nuestra sociedad y realidad actual requieren de verdaderos espacios de pensamiento y transmisión de conocimiento de investigación de lo presente para entenderlo e iluminarlo y de construcción de futuro por la transmisión de conocimiento y de herramientas de capacitación en todas las dimensiones de la persona. En cuanto corresponde a la universidad y a las instituciones educativas católicas asumimos nuestra obligación en la búsqueda del bien y de la verdad, de lugares de verdadero encuentro con el otro, de un diálogo cada vez más amplio y profundo que impulse la vida digna, del servicio a la casa común y del enriquecimiento mutuo entre fe y razón. declaración conclusiva del xi congreso católicos y vida pública
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