Actas XI Católicos y Vida Pública | La propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio

23 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio característica de fondo peculiar: responden a una lógica que no es principalmente la de las categorías, por así decirlo, mundanas; y precisamente por eso, no son fáciles de interpretar y comunicar a un público amplio y diversificado. En efecto, aunque es ciertamente una institución también humana, histórica, con todo lo que ello comporta, la Iglesia no es de naturaleza política, sino esencialmente espiritual: es el Pueblo de Dios. El santo Pueblo de Dios que camina hacia el encuentro con Jesucristo. Únicamente desde esta perspectiva se puede dar plenamente razón de lo que hace la Iglesia Católica. Y añadió a renglón seguido: Cristo es el Pastor de la Iglesia, pero su presencia en la historia pasa a través de la libertad de los hombres: uno de ellos es elegido para servir como su Vicario, Sucesor del apóstol Pedro; pero Cristo es el centro, no el Sucesor de Pedro: Cristo. Cristo es el centro. Cristo es la referencia fundamental, el corazón de la Iglesia. Sin él, ni Pedro ni la Iglesia existirían ni tendrían razón de ser. Como ha repetido tantas veces Benedicto XVI, Cristo está presente y guía a su Iglesia. En todo lo acaecido, el protagonista, en última instancia, es el Espíritu Santo. Él ha inspirado la decisión de Benedicto XVI por el bien de la Iglesia. Él ha orientado en la oración y la elección a los cardenales. Antes de continuar quisiera hacer una referencia a un acontecimiento en la vida de Jorge Mario Bergoglio que me parece sustancial en la comprensión, aún hoy, del pontificado del papa Francisco. Se trata de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se celebró en el santuario brasileño de Aparecida durante el mes de mayo de 2007. El cardenal Bergoglio presidió el comité de redacción del documento final. Por cierto que en Aparecida, Benedicto XVI hizo algunas afirmaciones que no debieran olvidarse para este momento de la historia. Por ejemplo aquella inicial: En última instancia, sólo la verdad unifica y su prueba es el amor. Por eso Cristo, siendo realmente el Logos encarnado, “el amor hasta el extremo”, no es ajeno a cultura alguna ni a ninguna persona; por el contrario, la respuesta anhelada en el corazón de las culturas es lo que les da su identidad última, uniendo a la humanidad y respetando a la vez la riqueza de las diversidades, abriendo a todos un cambio de época, no una época de cambios...

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