30 actas del xi congreso católicos y vida pública eliminar la religión o subordinar la apertura del cielo a la tierra. Y un “No” a la separación absoluta entre política y trascendencia, “[...]ya que las más altas aspiraciones humanas no pueden ser excluidas de la vida pública y relegadas al mero ámbito privado. Por eso, quien desee expresar de manera legítima su propio credo, que sea amparado siempre y en todo lugar”. Libertad religiosa y de conciencia. Otro aspecto de esta propuesta del papa Francisco, en la clave de la “empatía” con su palabra y con su acción que me preocupa particularmente, es la dimensión social de su mensaje. Es decir, lo referido a la inclusión social de los pobres y el diálogo por la paz social. La indiferencia ante el contraste de posibilidades de desarrollo material y espiritual no es una respuesta cristiana. Pese a los avances en salud, tecnología, comunicaciones y tantos ejemplos inspiradores, afloran las injusticias y heridas por las que sangra la humanidad. En el mundo actual la pobreza presenta muchos rostros: enfermos y ancianos que son tratados con indiferencia, la soledad que experimentan muchas personas abandonadas, el drama de los refugiados, la miseria en la que vive buena parte de la humanidad como consecuencia muchas veces de injusticias que claman al cielo. La primera referencia arranca de una consideración en su texto programático Evangelii gaudium: “De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad” (EG 186). “El Evangelio de la misericordia se encarna en la opción preferencial por los pobres, de modo que cada cristiano y cada comunidad cristiana están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres” (EG 187). “He aquí el hilo directriz de esta sección que expone el lugar privilegiado de los pobres en el corazón de Dios y de la Iglesia” (EG 186-216). Y lo digo, porque una de las características de este nuevo tiempo es lo que trae consecuencia de la carrera de las Biotech, epígonos del capitalismo trasnacional, y no sé si iliberal, en el ámbito de la inteligencia artificial y el modelo cíborg en el transhumanismo. Si ya de por sí esta profunda mutación antropológica es una de las interpelaciones más profundas a la conciencia cristiana, la perspectiva de los cíborgs contra los pobres, como la guerra del futuro, me parece un horizonte que no debemos obviar.
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