32 actas del xi congreso católicos y vida pública perspectiva eclesiológica No puedo concluir esta intervención sin hacer una referencia eclesiológica enmarcada dentro del texto programático del pontificado, la Evangelii gaudium, en el sentido de esa reforma institucional. Me refiero al capítulo primero de la exhortación apostólica que obedece al título de “La transformación misionera de la Iglesia” (EG 19-49). Todo arranca del mandato misionero del Señor que funda la Iglesia de todo tiempo y la configura según esa modalidad de “Iglesia en salida”: “Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 19-20). Francisco habla de “una impostergable renovación eclesial”: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se conviertan en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (EG 27). El texto describe esa renovación eclesial en términos de “avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera”, y de “poner a la Iglesia en estado de misión” (EG 25). En este, como en otros muchos puntos de su magisterio, el papa argentino invoca al beato Pablo VI y al Concilio Vaticano II. Bergoglio es un devoto admirador del papa Montini 31, al que beatificó en 2014. He aquí el texto sobre Ecclesiam suam, la encíclica programática de Pablo VI: La Iglesia debe profundizar en la conciencia de sí misma, debe meditar sobre el misterio que le es propio (…) De esta iluminada y operada conciencia brota un espontáneo deseo de comparar la imagen ideal de la Iglesia —tal como Cristo la vio, la quiso y la amó como Esposa suya santa e inmaculada— y el rostro real que hoy la presenta (…). Brota, por lo tanto, un anhelo generoso y casi impaciente de renovación, es decir, de enmienda de los defectos que denuncia y refleja la conciencia, a modo de examen interior frente al espejo del modelo que Cristo nos dejó de sí. (ES 3; citada en EG 26) Sobre este texto interpelante se funda la conversión eclesial soñada por Francisco.
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