47 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio la obra homónima del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, padre de la genealogía filosófica, publicada en abril de 1878. En la primera edición, Nietzsche dedicó la obra a los “espíritus libres”, frase que significa, entre otras cosas, “espíritus no cristianizados”. El espíritu libre es, si seguimos a Nietzsche, demasiado humano como para ser cristiano. Repito: demasiado humano para ser cristiano. ¿Pero es esto cierto? Seguro que muchos aquí responderán que no lo es, pero no basta con una afirmación o negación categórica y dogmática. Es preciso explicar por qué no es cierto. Me parece que la nuestra es una generación o época que hace eco de esta proposición nietzscheana: humano, tan humano que no podemos llegar a ser cristianos. “¿Qué tiene,” pregunta la conciencia contemporánea, “que decirme el cristianismo sobre mi ansiedad crónica, sobre estos ataques de pánico que me acechan, sobre mi depresión crónica y angustia existencial, sobre mi matrimonio fracasado o mis proyectos de vida frustrados, sobre mis inseguridades paralizantes, sobre el sufrimiento incalculable que ha causado en mi vida un problema de salud mental, o el abuso, o la ausencia de una figura paterna o materna, sobre el silencio de Dios ante la muerte fortuita de mi hijo, o mi hermano, o mi esposa, etc.? Nosotros, que nos morimos de fragilidad, de liquidez, de sin sentido, de falta de dirección, de falta de mollero psicológico y de carácter, que confundimos el orden por la rigidez, la creatividad con el caos, la rectitud con la intransigencia, el buen vivir con un vivir disperso, queremos saber, más allá de prohibiciones, preceptos y confesionarios, ¿qué tiene que ver el cristianismo con nuestra humanidad?” Este, el plano existencial, es otro de los grandes desafíos: mostrar y demostrar que, contrario a Nietzsche, lo humano demasiado humano y lo cristiano no se contraponen. humano, demasiado humano. en defensa de la antopología filosófica
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