50 actas del xi congreso católicos y vida pública partidos más influyentes, de los medios de comunicación, de las grandes corporaciones y, como resultado, de la opinión pública. Mi impresión, que adelanto, es que tratándose de un conjunto de ideas muy imprecisas, contradictorias entre sí y de asombrosa endeblez filosófica y antropológica, puede convertirse en el mayor desafío para el cristianismo del siglo XXI pues sus fundamentos, como veremos, son siempre anticristianos, incluso rabiosamente anticristianos. El problema mayor, sin embargo, no es que el mundo acoja esta megaideología llamada a disolverse en función de sus propias carencias y enormes contradicciones, aunque antes de eso realizará un enorme daño social, sino que su discurso pueda llegar a calar en entornos eclesiales y esté empezando a determinar la pastoral, la imagen e incluso, en algún caso, la doctrina de la Iglesia. Puede pensarse, salvando la buena intención de todos, que quizá se esté intentando una cristianización de la CP y no una mera adaptación de la Iglesia a ella, pero entonces la cuestión que debemos considerar sería si es posible esa cristianización o se empieza a correr un riesgo de desnaturalización que, además, estaría llamado al peor de los fracasos. Para responder a esto tenemos qué preguntarnos en primer lugar qué es la CP. Como antes he dicho, la CP es la megaideología de nuestro tiempo. Un conjunto de posiciones ante los problemas actuales a nivel global a los que se responde con discursos procedentes de la ideología de género, de la versión más radical del feminismo, del ecologismo en su faceta catastrofista, del migracionismo y la multiculturalidad, del racismo inverso y discriminatorio contra los blancos, del revisionismo histórico que conduce a una condena absoluta de la civilización occidental y sus frutos, y del viejo relativismo filosófico que niega, por encima de todo, la posibilidad de la verdad (no ya y tan solo de la Verdad). Ese conjunto de ideas dispersas e incluso contradictorias —recordemos el reciente conflicto entre feminismo y transexualismo que se ha suscitado en España a raíz de las iniciativas legislativas del actual gobierno, por ejemplo—, pero coincidentes todas en la radical negación de la trascendencia, se condensan en una actitud, que eso es propiamente la CP, presidida por la intolerancia hacia el discrepante: la elevación de esas ideas a marco indiscutible sobre el que se ha de fundar una nueva sociedad, pero no solo eso, también una nueva
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