Actas XI Católicos y Vida Pública | La propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio

55 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio grupos que por razones de sexo, raza, pertenencia a culturas distintas o a colectivos marginales, puedan sentirse “víctimas” —esta es la palabra clave— de la sociedad heteropatriarcal occidental. Recalcamos lo de occidental porque, como es patente, los adalides de la CP en sus distintas vertientes suelen mostrar casi siempre una sorprendente comprensión con las musulmanas u orientales que jamás se aplica a las occidentales o a las de raíz cristiana. Los grupos a los que la CP privilegia son numerosísimos, pues entre los más notables se encuentran las mujeres, que de por sí ya constituyen más de la mitad de la población, las personas no blancas, las minorías sexuales, los grupos marginales de todo tipo y ya, incluso, los animales, como se ha puesto de manifiesto en la reciente y polémica Ley de Protección Animal, aprobada por el Parlamento español en 2022 y que entrará en vigor a lo largo de este 2023. Todos ellos tienen algo en común: son presentados como “víctimas” del heteropatriarcado. La civilización occidental se ve confrontada así a un juicio sumarísimo en el que aparece como responsable de todos los males, desde la destrucción del planeta a cualquier forma de opresión, crimen, genocidio e injusticia imaginables. Los logros de esa civilización, a los que por supuesto nadie se plantea renunciar, no son tenidos en cuenta, y por ello la CP se atreve con la revisión de sus cumbres culturales y de los grandes hechos históricos, sin perdonar a grandes artistas, filósofos o literatos desde los clásicos griegos y latinos hasta nuestros días. Todo el que quiera ser alguien, obtener algún tipo de reconocimiento o de respeto en este nuevo mundo, tanto si se trata de una persona física como de una institución o una corporación, debe ser o haber sido “víctima” de algo. De lo contrario, se forma parte del ominoso paquete de los “opresores”, a no ser que hagamos la necesaria conversión, que despertemos a la necesidad de luchar contra el heteropatriarcado y sus efectos. Eso es, en esencia, lo que implica el movimiento woke, que literalmente significa, como es sabido, estar despierto, haber despertado del estado de inconsciencia frente a las injusticias reales o imaginarias sufridas por todos los colectivos considerados “víctimas” y, a partir de ahí, asumir una posición de alerta frente a tales injusticias y, por tanto, de alineamiento con las posiciones defendidas desde los principios de la CP. la corrección política: el gran desafío actual al cristianismo

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