58 actas del xi congreso católicos y vida pública especie dañina cuyo número y calidad de vida deben ser reducidos drásticamente; 2) la ideología de género y el feminismo extremo aniquilan el sentido de familia, la relación del hombre con su propio cuerpo y la finalidad misma de la existencia. El ideal actual no es el del hombre que intenta ganar la salvación o alcanzar la perfección moral y personal luchando contra sus inclinaciones y haciendo el bien, sino el que incorpora esas inclinaciones y las usa para su propia realización, siempre en clave hedonista y de satisfacción personal sin atender siquiera a los límites impuestos por la biología; 3) la revisión histórica cuestiona todo el legado cultural cristiano y lo convierte en un mero testimonio del mundo opresivo que hay que superar. ¿Cómo está respondiendo la Iglesia a todo esto? Desde el Concilio Vaticano II la Iglesia ha intentado un acercamiento sincero al mundo, pero hay que reconocer que ello no se ha visto correspondido, antes bien la respuesta ha sido un alejamiento más y más acusado. Frente a esta realidad, desde los años 80, bajo el enorme impulso proporcionado a la Iglesia por san Juan Pablo II, hay un intento de propuesta de una alternativa católica a la marcha de las sociedades occidentales, desde el respeto total a la libertad y a la separación de poderes. Es lo que se expresó con la fórmula “nueva evangelización”, que tenía como objetivo mostrar al mundo la potencia de la fe y su capacidad para ofrecerle soluciones espirituales ante su estado de vaciamiento interior. Hay que reconocer que este intento despertó el interés e incluso el entusiasmo de buena parte de los católicos, también de muchos alejados y de creyentes de otras confesiones cristianas, pero también despertó la hostilidad del mundo, traducida en un tratamiento informativo casi siempre negativo de la realidad de la Iglesia. Estamos ante una nueva etapa en la que se ha intentado romper esa dinámica, buscando quizá nuevos campos de encuentro con un mundo que, mientras tanto, parece haber encontrado en la CP la megaideología que necesitaba tras la quiebra del comunismo. Cómo evolucionará la situación en los próximos años y décadas es algo que nadie puede conocer. Me parece un esfuerzo inútil, destinado al fracaso, cualquier intento de adaptación del cristianismo —poseedor de una inmensa tradición y de un legado cultural majestuoso— a unas ideologías carentes de una apoyatura filosófica, antropológica e histórica que les garantice la menor posibilidad de superar sus
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