57 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio Por eso, todo discurso políticamente correcto contiene siempre una gran carga de fondo, explícita o implícita, contra la Iglesia. El pecado original de la civilización occidental consiste precisamente en ser cristiana. Ello justifica el trato manipulador, tergiversador de la Iglesia en los medios, así como la voluntaria ignorancia a que se ve sometida por parte de las instituciones que la tratan, en buena medida al menos, en España, como una apestada. Este tratamiento es mucho más eficaz que la persecución directa, que se ha revelado poco eficaz a lo largo de la historia, y se extiende no solo a la Iglesia, también a los cristianos que se atreven a comparecer como tales. Por vez primera en la historia de Occidente, a nivel general y social, ser un buen cristiano no es una fuente de prestigio y admiración, antes bien se ha convertido en algo esencialmente negativo que uno debe hacerse perdonar. En ese contexto, se asiste a una mutación de valores cargada de enormes consecuencias: lo que podríamos llamar la “redefinición del bien” —y por lo tanto del mal—, un bien que ya no se ajusta al mensaje evangélico ni siquiera como aspiración. Esto vacía de sentido la práctica de las virtudes y de los valores cristianos, los convierte de hecho en contravalores, como se ve palmariamente en el caso del perdón al que antes aludíamos. Un ejemplo impresionante de ello, que no se comprende bien en muchos sitios y quizá tampoco en Roma, es el de la polémica sobre los políticos católicos estadounidenses partidarios e impulsores del aborto que pretenden comulgar sin ningún problema. La cuestión no es tanto si personas que cometen una falta, un pecado, pueden recibir los sacramentos y en qué condiciones; la clave está más bien en que tales personas, en virtud de su aceptación de los nuevos derechos de la mujer —entre ellos el de decidir sobre la vida que llevan en su seno— no admiten que pueda haber mal alguno en su posición, no tienen por qué abstenerse de la comunión, antes bien reprueban violentamente a todos aquellos que creen que el aborto no es un derecho dentro o fuera de la Iglesia. Queda así redefinido un punto esencial de la doctrina católica con la fuerza que esa postura recibe del gran consenso mediático y político al respecto. Señalaremos, para ir terminando, tres aspectos claves en los que ideas fundamentales de la CP se apartan drásticamente de no menos fundamentales principios doctrinales, antropológicos e históricos del cristianismo: 1) el ecologismo radical considera al hombre culpable del inminente desastre planetario y lo rebaja a la condición de la corrección política: el gran desafío actual al cristianismo
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