107 vida religiosa y espiritualidad en puerto rico Podemos imaginar a los sacerdotes de este momento, libro en mano, intentando llevar el mensaje e impartiendo los servicios. Las dificultades que enfrentaron cuando más los necesitaban sus feligreses muy probablemente intensificaron sus tareas y los expusieron a la peste. Tendría que pasar medio milenio para que se encontraran las tecnologías adecuadas para una misa a distancia. La primera misa televisada en la historia se transmitió el 24 de agosto de 1931 desde la catedral de Lille, Francia, y fue realizada por el obispo Gustave-Louis Lemaître y transmitida por la estación experimental de televisión Radiovisión-PTT (FSSPX Actualidad, 2024). Esto ocurre diez años después de la transmisión de la primera misa por radio. Desde entonces, la trasmisión de las ceremonias religiosas católicas se ha ampliado entre sectores con dificultades para trasladarse a un lugar físico. Existen una serie de dificultades que pueden provocar que las personas se ausenten presencialmente de la ceremonia religiosa: enfermedad, falta de recursos, tales como un automóvil, y la inseguridad. Pero, en la actualidad, un buen número de personas opta voluntariamente por una misa a distancia. La sociedad del capitalismo tardío exige altos niveles de productividad, lo que conduce a algunas personas a optar por una vivencia religiosa a distancia debido a las exigencias laborales y a las responsabilidades cotidianas. En este contexto, se valora lo rápido, lo práctico y lo fugaz. Como resultado de estos y otros factores, algunos filósofos “posmodernos” señalan que el sujeto contemporáneo tiende a menospreciar los rituales, los símbolos y las metáforas. La pandemia del COVID-19 llevó las prácticas religiosas a distancia a nuevos límites. Aunque el virus se propagó en un contexto de desarrollo de las telecomunicaciones, en el que ya se avistaban templos vacíos de diversas denominaciones, la cuarentena aceleró este proceso. Afortunadamente, a diferencia de la peste bubónica, ya existían mecanismos para transmitir el mensaje. Las redes sociales ampliaron los canales de comunicación eclesial y, en consecuencia, se convirtieron para algunos en un espacio significativo de acompañamiento espiritual: ‘La misa es un regalo [de] fe [de] Dios. Recibo cualquier regalo con gratitud y [más] si ese regalo viene de Dios […]’ (Respuesta 58). Un grupo minoritario aprecia la
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