Introducción Las creencias religiosas y espirituales han sido un componente fundamental en la historia de muchas culturas, especialmente en el antiguo Oriente Próximo donde surgen las primeras civilizaciones. Lo que podríamos denominar religión y espiritualidad ha influenciado y, hasta cierto punto, moldeado las instituciones que han permitido el desarrollo de la humanidad (Ara Norenzayan, 2014).1 Actualmente, en lo que algunos describen como la era del tecnoceno (Costa, 2022), caracterizada por la revolución informática, la inteligencia artificial, la predominancia de los algoritmos en redes sociales y una crisis ambiental, se observa una transformación profunda en las creencias religiosas. Esta situación repercute en múltiples dimensiones de la vida humana y sociopolítica. 1 Noah Harari (2014) señala que nuestra capacidad para dominar el mundo como humanos tiene varias raíces, desde el fuego hasta el lenguaje. Pero una de las más determinantes es nuestra capacidad para crear mitos, meta-narrativas sobre cosas que no están en el mundo. De acuerdo con este autor, nuestra capacidad de contar historias y cuentos permitió la colaboración del homo sapiens con otras familias o tribus y, con ello, creció nuestra capacidad de organización y de construcción de una sociedad. Las meta-narrativas permiten cooperar y trabajar hacia objetivos comunes. Esta capacidad fue realmente determinante para que el homo sapiens consiguiera el papel predilecto que tiene ahora frente a otros animales. Permitió también la creación de grandes ciudades y el desarrollo de la sociedad en general. Imaginar realidades que están fuera del mundo natural y material ha sido una condición necesaria para el predominio del homo sapiens sobre otros seres.
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