30 pontificia universidad católica de puerto rico A pesar de las dificultades mencionadas, se continuó usando el término “religión” para hacer referencia a los diversos fenómenos estudiados tradicionalmente por la historia. Aunque estos fenómenos son variados, comparten características comunes que permiten que las ciencias sociales y las humanidades realicen tipologías y categorías para estudiarlas. La categoría de religión describe y comprende una amplia gama de hechos que comparten una estructura significativa común y que necesitan ser comprendidos bajo un nombre que pueda aplicarse de manera análoga a todos ellos. Es claro que el contenido específico de esta estructura, junto con la definición que la articula, determinará cuántos y qué tipos de fenómenos pueden ser abarcados (Velasco, 1995). En fin, la religión no se limita a ser una visión o una explicación exhaustiva de la realidad, sino más bien la plasmación de la religación. La teología entiende la religión como más que un conjunto de ritos o creencias; es la búsqueda y la expresión de la relación entre la humanidad y lo trascendente, la religación entre el sujeto y una divinidad. Para Emil Brunner, teólogo del siglo XX, la religión es “la respuesta del hombre al ser de Dios” (Brunner, 1947, p. 19). Esta definición subraya la dimensión relacional y personal de la religión, enfocándose en la experiencia humana de lo divino como el núcleo de la práctica religiosa. Desde un enfoque más práctico, la religión incluye rituales y enseñanzas que organizan la vida espiritual de los creyentes. Otto (1917) explica que la experiencia de lo numinoso es fundamental para la religión. Él destaca que esta experiencia provoca una sensación de “lo tremendo y lo fascinante” que genera un “sentido de reverencia y misterio” ante la presencia de lo divino. Para teólogos contemporáneos, la religión no solo implica creencias y prácticas, sino que también funciona como “un lente a través de la cual se interpreta y responde a las realidades culturales y éticas del mundo” (Tracy, 1975, p. 41). Esta definición enfatiza el papel del lenguaje teológico en la interpretación y expresión de la experiencia religiosa, proporcionando un marco conceptual para comprender y articular la relación humana con lo divino. Desde esta perspectiva, la religión es el “discurso sobre Dios en el mundo” (Tracy, 1975, p. 41).
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