18 actas del ix congreso católicos y vida pública Dice Daniel Innerarity que “en las circunstancias actuales, el inicio de una filosofía de la paz es el espanto que produce el rostro bárbaro de nuestra civilización”. Y escribió Jean Guitton al final de su libro Silencio sobre lo esencial: Los periódicos, las televisiones nos condenan a la apariencia, callándose sobre lo esencial. Los discursos de los jefes se modulan para dejar espacio a las dos posibilidades. Bajo estas apariencias y con estas prudencias, avanzamos hacia el porvenir. Los conflictos diplomáticos, estratégicos o políticos velan un conflicto fundamental, que es de orden metafísico, de orden religioso. Tal como dijo Malraux, el siglo XXI será religioso o no será. Una serie de análisis terminológicos previos nos conducirá a un cuerpo propositivo en forma de estudio de caso que responda, más o menos, al título de esta intervención. Y, en la parte propedéutica, permítaseme una digresión sobre los conceptos de acción y de conflicto, o de conflicto y de acción, con la finalidad metodológica de aquilatar su ubi conceptual para ampliarlo en el desarrollo posterior. El papa Francisco, en su encíclica síntesis Fratelli tutti, nos recuerda: Algunos prefieren no hablar de reconciliación porque entienden que el conflicto, la violencia y las rupturas son parte del funcionamiento normal de una sociedad. De hecho, en cualquier grupo humano hay luchas de poder más o menos sutiles entre distintos sectores. Otros sostienen que dar lugar al perdón es ceder el propio espacio para que otros dominen la situación. Por eso, consideran que es mejor mantener un juego de poder que permita sostener un equilibrio de fuerzas entre los distintos grupos. Otros creen que la reconciliación es cosa de débiles, que no son capaces de un diálogo hasta el fondo, y por eso optan por escapar de los problemas disimulando las injusticias. Incapaces de enfrentar los problemas, eligen una paz aparente.
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