20 actas del ix congreso católicos y vida pública Ralf Dahrendorf presenta el conflicto como cualquier relación de elementos que pueda caracterizarse por una oposición de tipo objetivo o subjetivo. Mostró dos posiciones típicas acerca del conflicto bajo los títulos de teoría del consenso y teoría coactiva de la integración social. Para Dahrendorf, una teoría satisfactoria del conflicto solo puede darse si se basa en una teoría coactiva de la integración social. En este sentido, el conflicto es un factor necesario en todos los procesos de cambio. Señala: Toda vida social es conflicto, porque es cambio. No hay en la sociedad humana algo estable, porque no hay nada cierto. En el conflicto, por tanto, se halla el núcleo generador de toda sociedad y la oportunidad de la libertad, pero al mismo tiempo el reto para resolver racionalmente y controlar los problemas sociales. (1971; 208) ¿Y el consenso? Ser actor de conflictos puede significar ser actor de consensos, aunque aquí la categoría de consenso está subordinada a la categoría de conflicto. El consenso entre dos o más actores encuentra su explicación precisamente en el conflicto al que se refiere; puede ser resolución de conflicto. Refiriéndose a los conflictos sociales, Dahrendorf habla de cinco especies de conflictos: • de roles, • de grupos, • de sectores regionales o institucionales, • los que afectan a toda una sociedad, • supraestatales. Hasta aquí, una mera descripción o apunte que nos ayude a vislumbrar la variedad de perspectivas que ha desarrollado la inicial sociología del conflicto. Pero lo que nos interesa no es una perspectiva “meramente” sociológico-descriptiva de la categoría del conflicto como condición de cambio social, sino una perspectiva antropológica que nos ayude a establecer los horizontes de la contribución del fiel cristiano al progreso personal y social.
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