Actas IX Católicos y Vida Pública | Conflicto, Reconciliación y Hermandad

37 conflicto, reconciliación y hermandad dificultad, en otras palabras, el samaritano ha sufrido también una violencia y una agresión previa de parte del grupo al que pertenece este herido en el camino. El buen samaritano no socorre a la víctima solo, busca un hospedero, alguien que lo ayude porque no tiene un complejo de ser el salvador único, de eso no es de lo que se trata aquí y no es lo que nos propone Jesús: creernos salvadores solitarios, llaneros únicos que aislados vamos a salvar a los demás, nadie puede, tiene que hacerse siempre con los demás. Y se va al final sin esperar ningún reconocimiento. Este personaje vive de manera responsable el combate contra la violencia como lo propone Dios. Ese camino en el que se acerca a la víctima y lo hace un prójimo. El que desata en sí mismo una libertad creadora y sanadora del otro. No desata la violencia que ha sufrido el samaritano, al contrario, lo que desata es una fuerza creadora y sanadora en ese que debería haber sido considerado el campo enemigo. Lo revolucionario de este mensaje de Jesús es que la narrativa de Caín y Abel se va a enriquecer enormemente. Ante la violencia existen tres caminos y no solo dos, y la manera en que ve Jesús el camino es una manera muy novedosa. Uno solo de esos caminos reconcilia y sana. • El primer camino, dar curso a la violencia que es el camino de Caín. El camino optado por Caín. Camino de aquellos que cultivan la amargura en el corazón por una violencia recibida. Como dice el Fratelli tutti número setenta y dos “Es una violencia utilizada con mezquinos intereses de poder, acumulación y división” en los múltiples rostros de violencia que hemos discutido. Es el camino de “los que solo se ambicionan a sí mismos, los difusores de la confusión y la mentira” (FT 77). Dice el papa en palabras duras pero muy acertadas. • Existe un segundo camino, el de los indiferentes peregrinos con muros que cierran su corazón. Son los “Ensimismados se desentienden de los demás, cultivan la indiferencia y hasta un sentimiento de superioridad” (FT 74). Estamos hablando de creyentes, ahí está la actitud del “todo está mal, nadie puede arreglarlo, qué puedo hacer yo”. Tantas veces que caemos en la tentación de esas preguntas. Cito al papa cuando describe este segundo camino, “En la sociedad globalizada, existe

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