39 conflicto, reconciliación y hermandad la opción de la indiferencia, la del sacerdote y el levita. La invitación que da al final de la parábola del buen samaritano, “ve y haz tú lo mismo”. Cómo lograr la plenitud que Yahveh le ha propuesto y le ha invitado a Israel, pero también fue una invitación a las primeras comunidades cristianas que se sintieron tentadas de aislarse de los problemas de su contexto y es la perenne tentación que vivimos los creyentes. La tentación de ser indiferentes, “Ese no es ni problema, yo lo que quiero es sentirme bien, sentirme amado por el Señor y no comprometerme con los demás”. Esa es una tentación primigenia que nació al cristianismo y que nos tienta también a nosotros hoy. Pero para esa tentación hay una invitación a construir fraternidad, reconciliación personal y social. Vamos ahora a la última parte de la presentación que es la buena noticia Todavía hay una buena noticia. Y es el tema de la encarnación, y es la encarnación en Cristo, Dios se ha hecho buen samaritano y vulnerable entre los vulnerados. Jesús, como nos dice el Nuevo Testamento, es el descenso de Dios hasta nuestra vulnerabilidad, hasta el sufrimiento de la violencia, él es el buen samaritano que vive una santidad hospitalaria, y eso lo tomo del gran teólogo alemán, pero que ha hecho todo su trabajo en la francofonía, Christoph Teobald. Cristo es el Santo de Dios y su santidad es hospitalaria, siempre acogiendo al otro donde esté. No está reclamándole su vulnerabilidad, sus pecados y carga a los que sufren la injusticia, la violencia y el dolor. Este buen samaritano se hizo totalmente prójimo de los caídos a la orilla del camino de la historia. Dios hecho carne, que es lo que significa encarnación, hecho carne, hecho vulnerabilidad, es conmovido por el drama de la violencia y del mal sufrido por los otros y por él. Cómo negar tanto relato que usa el término bíblico “Jesús viendo la violencia y el sufrimiento de los demás se le conmovieron las vísceras”, y así dice literalmente el texto. Fue conmovido en todos sus sentimientos ante el sufrimiento de los demás. Así que se hizo vulnerable y ese es el sentido de “carne”. “Carne” puede significar pecado, pero en Juan significa vulnerabilidad, haciéndose vulnerable carga con la historia de los vulnerados, que somos todos nosotros.
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