Actas IX Católicos y Vida Pública | Conflicto, Reconciliación y Hermandad

46 actas del ix congreso católicos y vida pública desde la del Dr. Enrique San Miguel hasta la del Dr. P. Luis O. Jiménez Rodríguez; particularmente la primera, alude a la persona humana y la segunda, a esta democracia que con principios tiene inspiración cristiana. Una democracia con principios que tengan inspiración cristiana es uno de los elementos, el otro es el que tenemos que devolver a la persona la dignidad personal. Yo les pediría incluso la solidez doctrinaria, no ideologizada, sino doctrinaria, de lo que es la persona humana y su dignidad en todos los términos, incluso en términos políticos. Esto, digamos en el orden de la dignificación de la persona que es, como decía el padre Jiménez Rodríguez, desde lo terrenal hasta lo divino. Ese es el orden de la dignificación. El segundo elemento debe ser el servicio y el bien común, o sea, el servicio para el bien común. Parece que quienes nos inspiramos en la democracia cristiana tenemos muchas cosas que ver y mucha doctrina a la que referir, pero es importante que en nuestra vida diaria definamos la política a partir del servicio y no del poder, porque es también una manera de regresarle la dignidad y de recordar que ese servicio es para el bien común. Recordar que es un servicio porque vas a construir el bien común… y el bien común no es la suma de bienes personales. Por eso, un político que no es generoso es, como cuando dicen que una persona que no piense en servir, no sirve para político; no sirve para nada de entrada, pero mucho menos para la política. Tiene que servir porque va a construir ese bien común. Por eso hay tanta referencia al buen samaritano en las pláticas para devolverle la dignidad a la política. Entonces, el segundo elemento tiene este regresar constantemente a definir la política a partir del servicio para la creación del bien común, construcción del bien común que es el mismo fin de la política. Esta parte nos obliga a tener muy claro cómo se construye el bien, cuál es la eficacia de las políticas públicas que se deciden para la construcción de este bien y alcanzar elementos que dignifiquen la política. En su ponencia, Enrique San Miguel afirmaba que lo peor para el bien común era, ya fueran honradas o no lo fueran, que resultaran ser manos tontas quienes lo construyeran. Pero la amargura tampoco ayuda en nada a dignificar la política. En primer lugar, porque además de juzgar, se critica constantemente, de tal manera que van anulando

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