Actas IX Católicos y Vida Pública | Conflicto, Reconciliación y Hermandad

76 actas del ix congreso católicos y vida pública americana. Se hicieron reales en la humanidad, en la carne, en el sufrimiento y en los gritos de George Floyd llamando a su madre. El papa Francisco y el Dr. King no nos permiten detenernos una vez entendemos el mundo tal cual es. Ellos nos piden que caminemos junto a los que sufren. Ellos nos piden que miremos a los ojos de George Floyd, que escuchemos sus gritos, que lloremos con él, que honremos su dignidad como hijo de Dios. Ágape no es amor a distancia. Es complicado, es doloroso, está presente. Y ahí es cuando se pone aún más difícil. El ágape nos obliga a reconocer la dignidad de Derek Chauvin, el oficial que habiéndosele aplicado la justicia, se encuentra en prisión. Somos llamados a amar a ambos, a Floyd y a Chauvin, sin importar cuánto lo merezcan. Somos llamados a caminar con ellos, a estar presentes junto a ellos. El Dr. King les decía a sus seguidores que amaran a los supremacistas blancos que los estaban subyugando. Pero hay que estar claros, amarlos no significa que no tengan que pagar por su injusticia o que los empoderaremos para que cometan más injusticias. Amarlos significa que nadie, nadie está fuera del alcance del amor de Cristo, y que nosotros somos sus manos y sus pies, por lo tanto, somos responsables de demostrar ese amor. Nuestro reconocimiento a la dignidad de otro ser humano es incondicional, y requiere ir más allá de estadísticas y sistemas. Requiere que entremos en un acompañamiento sagrado con la persona que necesita. Eso es ágape. El segundo tema del papa Francisco y del Dr. King es que respondamos al racismo con ágape, el amor incondicional que nos obliga a buscar el bien en otros. Tercero, al responder al racismo somos llamados a la fidelidad, no necesariamente al éxito. La fidelidad nos requiere vivir alineados con la verdadera naturaleza de la creación. Hemos sido creados para relacionarnos y hemos sido llamados para sanar relaciones que se hayan roto por el pecado y por la injusticia sistémica. Somos llamados a ser testigos de esa verdad aun cuando —en ocasiones especialmente cuando— no alcancemos a ver las relaciones restauradas ni su resultado: una comunidad llena de amor. En Fratelli tutti el papa Francisco nos explica que “amar al ser humano más insignificante como se amaría a un hermano, como si no hubiera nadie más en el mundo que él, nunca debe considerarse como

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