84 actas del ix congreso católicos y vida pública Anteponer los intereses de la mayoría lo han hecho hombres y mujeres a lo largo de nuestro país en los días aciagos de huracanes, terremotos, represiones y guerras. La pregunta que hay que hacerse es si constituye una práctica gestora de nuestra gobernabilidad o si solo se da en momentos extremos, por agencia e insistencia de la comunidad y por corto tiempo. Fratelli tutti es un texto hecho de dilemas, de cohabitaciones difíciles, de situaciones límites, de desfallecimientos, cuya lectura se sostiene porque no es solo diagnóstico de nuestras precariedades, sino que alienta la utopía posible del amor social que le da sentido a los múltiples callejones sin salida, cinismos desbocados y falsas esperanzas que parecen aturdirnos. Una de esas cohabitaciones difíciles parecería tener que ver con la identidad nacional en tiempos de globalización. No se puede precisar con exactitud cuándo los habitantes de esta Isla sintieron y expresaron por primera vez una identidad colectiva, una percepción de que constituían una especificidad cultural. Es difícil señalar ese momento para todas las sociedades y son diferentes los procesos que llevan a ese entendimiento. Eventos de la historia y artefactos como libros y objetos de arte nos pueden dar indicios. Lo mismo, el lenguaje. Por ejemplo, hacia el siglo XVIII en el habla popular se comenzó a decir “los de la banda de allá” y “los de la banda de acá” significando aquellos que venían de España y aquellos que habían nacido de estos lares. Pero aun esa distinción se borraba cuando Puerto Rico era atacado por naciones enemigas de España. Entonces los resentimientos por los privilegios de que gozaban los venidos de la península se esfumaban en la defensa de este baluarte. Fue lo que vivió la Isla cuando atacaron los ingleses por tercera vez en 1797 (las otras dos fueron en el siglo XVI). Entonces, los criollos y los peninsulares, los ricos y los pobres, los blancos y los pardos salieron al unísono para derrotar a los ingleses que eran “los otros”, especialmente porque no eran católicos y codiciaban las riquezas imperiales españolas en el Nuevo Mundo, pero también porque esta era la tierra de generaciones de familias y era la tierra del trabajo, mísero y cuesta arriba, pero propio. En su encíclica, Francisco dice que el origen de las ciudades en la historia está ligado a muros y murallas. Podría entenderse la cerrazón en términos defensivos frente al pillaje o al rapto, pero las murallas, que
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