Actas IX Católicos y Vida Pública | Conflicto, Reconciliación y Hermandad

85 conflicto, reconciliación y hermandad pueden ser las de la bíblica Jericó hasta las imponentes murallas de San Juan que la convierten en una fortaleza inexpugnable, hasta la invasión de Estados Unidos en 1898, siempre albergan un trasunto de prejuicio y hostilidad hacia el extranjero. En varias ocasiones el papa Francisco ha tronado contra las políticas migratorias que levantan muros materiales y legales contra los refugiados, contra los que buscan asilo, contra los inmigrantes por trabajo, políticas y prácticas que llegaron a la terrible tragedia de hace dos años en la frontera con México en que niños fueron enjaulados y separados de sus padres para evitar el cruce fronterizo. Es decir, el orgullo nacional, una identidad mal entendida o entendida como una coraza que sostiene prejuicios, aislamientos y persecuciones del “otro” no está fundamentado en la moral ni en la empatía con respecto al que sufre. Al encontrarse con el sultán Malik-el-Kamil en Egipto, Francisco de Asís no defendía una identidad europea, sino una común humanidad. Volvamos al tema de la identidad puertorriqueña que subyace a la gesta de haber derrotado a los ingleses en 1797. Ese momento de hermandad de los criollos ligados a la tierra de nacimiento y de trabajo se fortaleció en las primeras décadas del siglo XIX. Tres nombres son fundamentales cuando rememoramos las primeras décadas del siglo: el obispo Juan Alejo de Arizmendi, Ramón Power y Giralt y José Campeche. Arizmendi fue el primer obispo puertorriqueño, situación que no habrá de repetirse por casi dos siglos más en Puerto Rico; Ramón Power y Giralt, nuestro primer representante ante las Cortes o Parlamento español en un momento crucial cuando España es invadida por los ejércitos de Napoleón Bonaparte y simultáneamente se producen los primeros movimientos de independencia en Hispanoamérica; y el mulato José Campeche, nuestro primer gran pintor. Las vidas de estos tres personajes están enlazadas por un amor común a la patria y por una espiritualidad ligada, en mayor o menor grado, a la emergente nacionalidad puertorriqueña. Campeche pintó a Arizmendi y a Power. La pintura del obispo lo muestra con un cesto de mimbre en la mano que es difícil ver como signo de mando. Representaba todos los cestos que él tejía personalmente para obtener fondos que se destinaban al auxilio de los pobres y los mendigos. Power y Giralt es el motivo de otra pintura de Campeche, en formato pequeño, que sus padres le comisionaron al pintor en acción de gracias

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