Actas IX Católicos y Vida Pública | Conflicto, Reconciliación y Hermandad

88 actas del ix congreso católicos y vida pública fueron casi todos jóvenes. El campesino pálido de piel de las montañas se tornó en la metáfora viva de lo puertorriqueño. No se nos escapa, como ha señalado Francisco Scarano, que esos personajes jíbaros eran un instrumento de las ideas de sus jóvenes autores educados y blancos, aunque modernos y patrióticos. En efecto, el proceso de consolidación de una identidad nacional compartida por cada vez más nacidos en esta tierra se dio durante el auge de la esclavitud en Puerto Rico, pero la esclavitud es raramente tratada en estos primeros libros, en gran parte porque era delito hablar sobre ella públicamente. Si bien el universo de los que se consideraban puertorriqueños con sentido de identidad se ampliaría desde entonces, el diferendo racial no se ha extinguido: cargamos con perspectivas de vida y de entendimiento racializados, aunque muchas veces no nos damos cuenta. Eso no quiere decir necesariamente que seamos racistas, sino que la raza constituye una categoría epistemológica y cultural desde la cual se interpretan y valoran la realidad y las personas que son “otras” en color y rasgos corporales. Algo similar ocurre con el criterio de pobreza, aunque históricamente hemos avanzado más en ese sentido que en el de la raza. Como recuerda Francisco en la encíclica “Los derechos humanos no son iguales para todos”. A lo largo del siglo XIX la utopía de Cádiz, una identidad regional creciente, una relación colonial que atendiera con equidad y con fuerza de ley las especificidades de Puerto Rico, la aspiración de ser modernos y el afán de ubicarnos en los ritmos del mundo distinguieron nuestra vida política. Pero esos anhelos se estrellaron a menudo por el bastón de mando omnímodo. Alcanzada la abolición en 1873, los esfuerzos de la clase política —con un consenso mayoritario sobre la necesidad de modernizar la colonia— se tornaron en antagonismos en los modos de lograrlo. Integristas españoles, que veían cualquier afirmación de identidad puertorriqueña como inclinaciones subversivas, constituyeron la retranca; los liberales se decantaron por un régimen de autonomía dentro de la soberanía española y los independentistas, sobre todo desde el exilio, recababan la soberanía para Puerto Rico. Siglo y medio después, la identidad nacional es todavía un comodín instrumentalizado por diferentes facciones mientras, a la vera del camino como en el episodio del samaritano que resalta el papa

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