118 actas del xi congreso católicos y vida pública en ¿Para qué sirven las universidades?, advierte de que Edspeak ha colonizado nuestras mentes. Nuestra investigación debe ser competitiva, innovadora, puntera, relacionable, aplicable, impactante, transferible, generadora de beneficios y... fácilmente empaquetada para su difusión en los medios de comunicación. En nuestros días, la universidad se acerca peligrosamente a la fábrica. Se acerca a la normalización con la regla de la medición y del impacto, el énfasis en los resultados y en la materialidad de la creación de valor. Esto sucede a medida que la universidad se deja seducir cada vez más por el glamur del ideal empresarial regido por modelos de eficiencia, crecimiento e innovación. Además, la monetización del valor de la educación adquiere especial relevancia en el discurso político y social. Los beneficios materiales de la educación superior se reflejan en mayores tasas de empleo; mayores ingresos y también mayor resiliencia ante el desempleo de larga duración. Según la OCDE, entre los adultos desempleados de larga duración, aproximadamente el 29% tiene un título universitario frente al 36% que no lo tiene. Además del valor que la educación universitaria ofrece a cambio de dinero, también hay pruebas de resultados sociales. El estudio sugiere que los adultos con educación universitaria, independientemente de la geografía, la edad, el sexo o la etnia, obtienen mejores resultados en los indicadores de salud y, en general, declaran resultados sociales más deseables, como la participación en actividades de voluntariado, confianza interpersonal e implicación cívica. Sin embargo, aunque en nuestros tiempos materiales, el valor social y económico de la educación universitaria parece ser incuestionable porque, a pesar de las diferencias regionales, la matrícula en la educación superior está en constante aumento (y el flujo global de estudiantes de educación terciaria está creciendo), a pesar de todas estas tendencias aparentemente positivas, la incertidumbre con respecto al futuro de la educación universitaria está aquí para quedarse. Bajo la presión de cuatro fuerzas principales, el valor de la educación universitaria está abarcando peligrosamente una etapa aún nueva del tradicional debate útil/inútil. Estos cuatro motores son: la innovación tecnológica, la profesionalización radical, la globalización y la disrupción institucional de la sociedad del conocimiento.
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