122 actas del xi congreso católicos y vida pública Más allá del glamur de la movilidad aspiracional, la globalización puede connotar esplendor y miseria. Por un lado, el esplendor de una comunidad mundial de estudiantes y académicos que trabajan para mejorar la sociedad. En el sector anglófono del mundo, la diversidad global es también un activo financiero, ya que la internacionalización se reduce a la captación de estudiantes. Además, la internacionalización no es una empresa ingenua. Como en todo encuentro con la diferencia cultural, el conflicto acecha a la puerta. Para las instituciones católicas, la diversidad global es tanto una oportunidad para potenciar el desarrollo integral, nacido de la “conciencia de nuestro origen común” y “de un futuro que debe ser compartido por todos” (LS, 202), como un reto para la misión y la identidad de las instituciones. perturbación institucional Quizá uno de los mayores retos para la educación superior sea la perturbación institucional que surge de la percepción de la falta de protagonismo de las universidades en las políticas nacionales de planificación estratégica o el ataque a la cultura experta por parte de emprendedores disruptivos. Del mismo modo, la cultura milenaria de compartir y el rumor de los enfoques centrados en los problemas que giran en torno al “crowdsourcing” no académico de soluciones suponen una tensión añadida para las instituciones. Una apasionada adhesión a la disrupción está tomando por asalto a los consultores: las universidades tienen que cambiar su organización, transformar su modo de producción de conocimiento, cada vez más tecnológico, virtual e inducido por la inteligencia artificial; crear vínculos más fuertes con las empresas y producir soluciones innovadoras que acorten el tiempo de comercialización y, en última instancia, alterar la idea misma de un título completo, sustituyéndolo por créditos apilables basados en habilidades. La educación “justo a tiempo” es la última tendencia en el mercado mundial de la enseñanza universitaria y, algunas universidades católicas de Estados Unidos, ya se están adaptando a este modelo de microcredenciales. Estas cuatro fuerzas son el quid de la universidad del siglo XXI. Y pueden amenazar con cambiar radicalmente lo que era la concepción fundacional de una universidad, es decir, un espacio en el que académicos y estudiantes tratan de comprometerse libremente en el
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