Actas XI Católicos y Vida Pública | La propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio

124 actas del xi congreso católicos y vida pública tanta vehemencia, en la encíclica Laudato si’. Si la ciencia constituye un poderoso medio para paliar las dificultades de la condición humana, desarrollando tecnologías que mejoren la calidad de vida, que permitan ser resilientes de cara a los riesgos naturales y que agilicen la comunicación, lo cierto es que lo que convencionalmente se denomina “ciencia moderna” se desarrolló sobre la base de un “paradigma homogéneo y unidimensional” que no proporcionaba una relación con la realidad basada en la comprensión, sino en la manipulación. El paradigma del desarrollo de la ciencia normal, cada vez más basado en la separación y en la especialización, contribuyó a erosionar el diálogo interdisciplinario y a alejar las necesidades de la sociedad de la lógica de la investigación de laboratorio. Por tanto, en palabras de nuestro pontífice, es necesario ampliar el diálogo y promover “[...] una mirada diferente, un modo de pensar, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que resistan al avance del paradigma tecnocrático”. Es necesario volver a conectar el conocimiento con la sabiduría y reforzar modelos integradores que promuevan un progreso responsable. Los grandes problemas de la sociedad, de la preservación de nuestra casa común, cuya riqueza nos ha tocado gestionar, no pueden resolverse a la sombra de muros disciplinares, sino que requieren respuestas robustas y holísticas, urge en un nuevo paradigma de convergencia cultivar la ciencia en una ecología integral cada vez más asumida por la comunidad científica. Historiadores de la ciencia, como John Watson en su obra Convergence. The Idea at the Heart of Science (2016) viene afirmando que “La convergencia y la aparición de un orden común —o incluso de una especie de unidad— entre las ciencias constituye uno de los elementos más importantes y satisfactorios del conocimiento científico, tanto más convincente cuanto que no formaba parte de ningún proyecto predeterminado” (Watson, 2016: xxvii). De esta convergencia forma parte necesariamente el cultivo de una verdadera y fecunda transdisciplinariedad, que no solo se genera en las articulaciones sintomáticas entre la biología molecular y la química, o entre la física y las ciencias biomédicas, sino más radicalmente entre los lenguajes situados en los límites de esa brecha que en los años cincuenta C.P.Snow designaba como las dos culturas, a grandes rasgos,

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