137 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio bien común y economía cristiana 1. Analizar si realmente la organización social está al servicio de las personas. Es decir, si permite que todas las personas sean libres y capaces de desarrollarse como tales sin trabas para ser cada vez más humanas. 2. Que esto se logre para todas las personas sin excepción. Hay que evitar, por tanto, que la misma organización social genere personas excluidas o descartadas por el sistema, debe ser positiva para todos. 3. Que además, no debe ser buena solamente para las personas que vivan en nuestra sociedad en la actualidad, sino que también tiene que lograrlo para aquellas que van a vivir en el futuro cuando nosotros ya no estemos aquí. Por ello, la organización social que esté acorde con la definición de bien común debe ser sostenible, debe cuidar y hacer fructificar la creación sin que esto comprometa la posibilidad que tendrán nuestros descendientes para seguir haciéndolo (tal y como hemos visto en la encíclica Laudato si´). Si pensamos en el objetivo principal del economicismo nos damos cuenta de que este se está consiguiendo, logramos tener más entre todos y la producción agregada mundial y la de muchos países, especialmente la de aquellos que aplican economías de mercado liberales, experimenta un crecimiento elevado como consecuencia de que esta es la prioridad económica, de que las medidas de potenciación del egoísmo económico y de liberalización de mercados para lograr que las personas se enriquezcan fácilmente dan buenos resultados agregados. Ahora bien, ¿supone esto una mejora de las personas? Los estudiosos de este campo opinan que esto no se da necesariamente. Dicho de otro modo, que tener más no supone necesariamente estar mejor. Esta relación se da cuando los niveles de renta son muy bajos. En estos casos la relación entre crecimiento económico y bienestar de las personas es alta. Pero como han demostrado Daly y Cobb, 1989 y Max-Neef, 1995 y el informe sobre desarrollo humano del PNUD (1996) esta relación no es directa y deja de darse cuando los niveles de renta son elevados1. 1 Otros argumentos en este sentido pueden encontrarse en (Álvarez Cantalapiedra, 2001) (Sen, 1987) (Lluch Frechina, 1999) (Easterlin, R.A., McVey, L.A., Switek, M., Sawangfa, O., Zweig, J.S: 2011)
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