145 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio bien común y economía cristiana Poner la economía en un segundo lugar, bajarla de su función de prioridad absoluta para ponerla al servicio del desarrollo integral, supone también cambiar su objetivo inmediato. Para que realmente esté al servicio de las personas y busque de verdad el bien común, es necesario dejar a un lado la pretensión de que el objetivo económico principal sea un bien agregado o total como es el Producto Interior Bruto. Por ello, lo importante ya no es que la suma de lo producido en un país sea superior al año anterior, sino que cada una de las personas que vive en esa sociedad tenga lo suficiente para vivir. De nada sirve, según esta manera de ver las cosas, tener más entre todos si hay personas que quedan excluidas de esta mejora. El objetivo económico debe ser cambiado desde el bien agregado o total: “tener más entre todos”, al bien común: “que todos tengan al menos lo suficiente, hoy y en las generaciones futuras”. Esto supone que lo importante ya no sea la suma de lo que tenemos entre todos, sino que lo que queremos es garantizar que todas las personas puedan obtener al menos lo suficiente para llevar una vida digna. La importancia cambia desde los elementos productivos y del tener, hasta el elemento distributivo de que todos tengan garantizada al menos una vida digna. Esto modifica totalmente el paradigma económico en el que nos movemos. Porque la sociedad ya no mide el éxito o el fracaso económico según lo que ha sucedido con la producción agregada, sino según lo que ha sucedido con aquellos que peor están. Una sociedad no está mejor económicamente por tener más entre todos, sino porque sus personas más desfavorecidas consiguen salir de la pobreza y tener unos ingresos que les permitan vivir con dignidad. Esto tiene unas fuertes implicaciones a la hora de plantear las preguntas importantes de la economía, a la hora de organizar la producción, la distribución y los intercambios, a la hora de priorizar unas cuestiones u otras y a la hora de medir los avances económicos. de la racionalidad economicista a la de lo suficiente Todo esto supone un cambio de mentalidad, una modificación de las premisas básicas del economicismo hacia otra dirección. Si en las líneas anteriores he nombrado cómo tiene que cambiar el objetivo económico, también tiene que transformarse el afán de riquezas que mueve a las personas. La racionalidad economicista que
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