163 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio maravillarse mientras contempla la creación. Haciéndolo esperamos, que uno conocerá algo de Dios y descubrirá algo de sí mismo. Un ejemplo íntimo de esto se ve en la Autobiografía de san Ignacio de Loyola en el texto recogido por el jesuita Gonçalves da Câmara: Parte del tiempo gastaba en escribir, parte en oración. Y la mayor consolación que recibía era mirar el cielo y las estrellas, lo cual hacía muchas veces y por mucho espacio, porque con aquello sentía en sí un muy grande esfuerzo para servir a nuestro Señor. Pensaba muchas veces en su propósito, deseando ya ser sano del todo para ponerse en camino.8 Una parte crucial de cómo el cristianismo católico comprende cómo Dios se revela en nuestra realidad se ve en la imagen/metáfora de los dos grandes libros de Dios, según san Augustín y otros teólogos: el Libro de la Biblia (las Escrituras) y el Libro de la Naturaleza. Según la Iglesia, el Libro de las Escrituras trata de la realidad espiritual de la existencia humana y cómo Dios se revela por medio de la fe en la historia de salvación. El Libro de la Naturaleza trata de cómo la ciencia puede entender la realidad física. La tradición católica siempre ha creído que podemos saber algo de Dios, el Creador, por medio de las cosas creadas, incluso la naturaleza que Él creó, como dice san Pablo en su Carta a los Romanos. Usando esta ilustración como ejemplo, la Iglesia en su misión desea que las personas puedan maravillarse de la creación de Dios, hacer las preguntas importantes existenciales, participar en todos los aspectos de este mundo, que cada uno pueda descubrir algo del sentido de su vida. Con respecto a la relación sustanciosa entre la fe y la ciencia, hay dos principios fundamentales teológicos del cristianismo en los cuales (la relación) está basada. El primero es la doctrina cristiana de la creación que afirma que Dios creó y dio existencia a todo. Hay muchas consecuencias que resultan de esto, al menos según el pensamiento del cristianismo católico. La perspectiva judeocristiana mantiene que esta creación, esta existencia, es real; no es una ilusión, un engaño, una realidad virtual en la que existe el hombre; por lo tanto, el ser humano debe participar en este mundo – este mundo se debe tomar en serio por lo que es. También, la creación es buena porque fue creada por un Dios bueno: “Vio Dios todo lo que había hecho, 8 Gonçalves da Câmara, Autobiografía de San Ignacio, cap.1, n. 11. relación entre ciencia y cristianismo
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