Actas XI Católicos y Vida Pública | La propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio

164 actas del xi congreso católicos y vida pública y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto” (Biblia, Génesis, 1:31). Además, algo de la verdad puede ser conocido y, por último, algo de la verdad de Dios es evidente. El mismo Dios que se revela en las Escrituras también se revela en la naturaleza; toda verdad viene de Dios. Es decir, que la huella divina del Creador es evidente en el Libro de la Naturaleza, de modo que uno puede inferir la causa de los efectos (la importancia de la causalidad en la ciencia y la fe). Esta convicción es evidente en las Escrituras en la Carta de San Pablo a los Romanos 1:20 (“Pues lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras”) y en los Salmos, incluso el 19 (“El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos”), solo para nombrar algunos. De por sí, vale la pena estudiar y contemplar este mundo (y universo) real, bueno y lleno de verdad, no solamente por el bien de conocer y amar a Dios, pero también para descubrir algo de nosotros, puesto que cada uno de nosotros, individual y colectivamente, marca una diferencia y, por tanto, es como un custodio de todo lo que Dios nos ha confiado (custodio de la creación). Cada persona es una parte de la totalidad, y cada persona es llamada a tener una relación sana con la creación de la cual somos una parte. El papa Francisco nos recuerda esto en su encíclica Laudato si´. Entonces, la armonía entre la fe y las ciencias se puede ver en el método común que comparten: 1) el mundo es real; 2) hay una verdad en el sentido de que el conocimiento comienza con los sentidos empíricos; 3) se cree en un principio de causalidad; 4) la importancia del sujeto, del observador, del participante en la creación. Esto se puede desarrollar más en el segundo principio. El segundo principio fundamental teológico cristiano que forma la base de una relación en armonía entre la fe y la ciencia es la Encarnación (del Verbo de Dios) como un medio para comprender la realidad en que vivimos. Del principio del Evangelio según San Juan, oímos: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Biblia, Evangelio San Juan, 1:14). También del himno antiguo cristiano Te Deum, oímos, “Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.” Esta realidad material (universo) en que vivimos no es desdeñada por Dios, sino más bien puede ser un conducto para lo divino. En primer lugar, esto significa que el orden de la naturaleza y el orden de la gracia no

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