42 actas del xi congreso católicos y vida pública • por un lado, es una sociedad antropológicamente fragmentada, es decir, una sociedad caracterizada por visiones rivales e incompatibles del ser humano con escasos puntos de convergencia; • por otro lado, es una sociedad racional o epistemológicamente truncada, a saber, una sociedad caracterizada por la incapacidad de alcanzar algún criterio compartido que permita adjudicar racionalmente la veracidad de las propuestas rivales. Es el recíproco o el inverso de la Torre de Babel. Acá compartimos un mismo “lenguaje”, un mismo léxico, un mismo vocabulario éticoantropológico, pero las concepciones que dotan de significación ese mismo léxico son lo suficientemente divergentes como para posibilitar comprensión mutua y resolución definitiva. Son paradigmas antropológicos encontrados, incomposibles: el uno excluye al otro, el uno contradice al otro. Aunque la fragmentación antes mencionada da paso a un cierto relativismo epistemológico a nivel teórico (es decir, dado que no se puede saber quién está en lo correcto, no es conveniente afirmar definitivamente una antropología sobre otra), en la práctica (tal como ha insistido Noam Chomksy) no hay persona ni sociedad que pueda ser auténticamente relativista: siempre, tanto en la vida de uno como en la organización social y política, predomina (o se impone) un paradigma antropológico y epistemológico en particular. Lo que la fragmentación epistemológica impide es una resolución racional a las propuestas conflictivas generadas por paradigmas incompatibles, de modo que lo que queda es (como ya nos advertía Platón) la imposición no racional de un paradigma sobre otro. La pregunta que nos acecha es la siguiente: ¿Cuáles son las causas de esta fragmentación radical? Y, segundo: ¿Es necesario o tan siquiera posible remediarla? Me temo que una respuesta detallada a ambas preguntas tendrá que esperar a otro momento. En cuanto a la primera, la obra del filósofo irlandés Alasdair MacIntyre debe figurar, en mi opinión, como principio orientador. Hay que hacer, cogiendo prestado una frase del filósofo francés Michel Foucault, una arqueología de saber: es decir, un excavar histórico-filosófico, un recorrer la historia del pensamiento occidental y de las ideas pasadas que soportan la fragmentación antropológica y epistemológica del mundo de hoy. En cuanto a la segunda, debo limitarme a decir: si
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