43 la propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio fuese necesario y posible remediarla, el remedio necesitaría (si ha de ser adecuado) de una antropología filosófica. Estamos ante una sociedad que se insiste preocupada por, y centrada en, lo humano, pero que, al igual que en la ciudad de Antropos, es incapaz de dar una respuesta a la pregunta “¿Qué es el ser humano?” El filósofo francés Michele Foucault, en una entrevista de 1966, así como en su libro Le mots et le chose, afirma la muerte o desaparición del hombre. Así como Nietzsche había declarado (o más bien constatado) la muerte de Dios, a finales del siglo 19, en la conciencia europea, Foucault cree constatar en el mundo contemporánea la muerte del “hombre”, es decir, la muerte de un concepto determinado de la naturaleza del ser humano como fundamento moral, social y político de la civilización occidental. Si bien parece ser que fue posible organizar una sociedad sin una visión teológica compartida, propongo que tal cosa no es posible en la ausencia de una visión antropológica compartida. Resulta claro que la ciudad de Antropos tiene, en lo fundamental, muy poco en común (en lo superficial, sí) por lo cual no es, ni constituye, una comunidad propiamente hablando. Y la antropología de una sociedad, someto ante ustedes, es una nota fundamental para la continua unidad o unificación de ella, pues permite la identificación y realización de un proyecto común: la búsqueda del bien común y del florecimiento humano. Una cultura imbuida de antropologías incomposibles es una coincidencia de contradictorios condenada a la desintegración. Es, repito nuevamente, la inversa de la Torre de Babel. Pero a diferencia de Babel, la inconmensurabilidad, incomunicabilidad e incompatibilidad (i.e., lo que hemos llamado fragmentación antropológica y epistemológica) no se nos evidenció de forma inmediata en el día a día, pues el uso de un vocabulario en común dio la apariencia de amplios puntos de convergencia y escondió la incompatibilidad radical que se gestaba en los paradigmas antropológicos operantes. Es preciso, al momento de debatir sobre el bien común, sobre la familia, sobre la moralidad de una ley, etc., precisar e identificar cuáles son las concepciones antropológicas que dirigen las perspectivas rivales en las discusiones del bienestar humano y reorientar el debate a ese nivel, lugar originario del conflicto. humano, demasiado humano. en defensa de la antopología filosófica
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