Actas XI Católicos y Vida Pública | La propuesta cristiana ante los desafíos de un mundo en cambio

44 actas del xi congreso católicos y vida pública antropos: desafío al cristianismo Ahora bien, si nuestra condición filosófico-cultural es análoga a la de Antropos, la concepción del ser humano que proviene de la fe y tradición católicas (la que nos proporciona una antropología teológica, es decir, una visión del hombre determinada por la revelación) será tenida como una nota discordante más en este “collage” de antropologías rivales que batallan por la cultura occidental. Y de hecho (de facto) esto es lo que ha sucedido: la antropología teológica del cristianismo no es ya el fundamento de la cultura, sino que es una antropología más entre todas las que componen esta invertida Torre de Babel. ¿Cómo ha de enfrentar el cristianismo este desafío? Como filósofo, aquí estoy llegando a mis límites. Pero nuestro examen filosófico nos permite decir algo. Nuestra cultura ha sido, históricamente, una cultura predominantemente cristiana. Nuestro cristianismo cultural proveía una antropología (teológica) que fundamentaba, con mayor o menor eficacia, el contorno moral, social y político de la ciudad. Disputas sobre la eticidad de alguna ley, la moralidad de ciertos actos y formas de vida, la función del Estado, el sentido de la vida, el valor del sufrimiento, etc. se resolvían (bien o mal) recurriendo a una antropología compartida y a un criterio epistemológico establecido. Pero esta cultura ha sido severamente fragmentada, y nos encontramos ante un rompecabezas descompuesto cuyas piezas dispersas ya no admiten (o no habrán de admitir) compatibilidad. El peligro que enfrentan los católicos en la vida pública es el continuar abordando los problemas de la condición humana sin tomar conciencia de la fragmentación ético-antropológica y epistemológica que ha sufrido nuestra sociedad. Me refiero al peligro de continuar abordando la condición humana como si el vocabulario ético-antropológico compartido nos indicase puntos de convergencia y, peor aún, como si bastase con apelar a nuestra antropología teológica (ya no compartida) para descartar y refutar en la esfera pública las antropologías rivales e incomposibles, sin necesidad de fundamentar y justificar racionalmente una antropología y una epistemología compatibles con la fe católica.

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