Vida religiosa y espiritualidad

35 vida religiosa y espiritualidad en puerto rico La oración es el corazón de la espiritualidad cristiana. La oración se interpreta como el acto individual de petición (Floristán, 2005); forma parte de un ejercicio espiritual, debido a su relación directa con lo trascendente, con Dios. Es un acto de conexión del individuo con el todo sagrado. Por otro lado, no puede haber espiritualidad sin Espíritu. En latín, el término “spiritus” es masculino; en griego, “pneuma” es neutro; mientras que, en hebreo, “ruah” es femenino y significa “viento” o “aliento”. El Espíritu tiene diversas connotaciones y se opone a lo corpóreo, entendiéndose como algo etéreo, impalpable e invisible. Cuando se utiliza como nombre propio, se refiere a la tercera persona de la Trinidad. Está vinculado a la experiencia religiosa de místicos, grupos carismáticos o equipos apostólicos de militantes (Floristán, 2005). Según el Antiguo Testamento, el Espíritu es el signo de vida que viene de Dios, comparable al viento y al aliento. Es la fuerza vital que crea y sustenta el mundo, animando tanto la naturaleza como la vida humana. El Espíritu de Dios puede ser viento cálido, huracán destructor o brisa reconfortante, esencia vital que desafía la muerte y creó el mundo y dio vida humana al “barro” (Floristán, 2005). El Espíritu Santo es enviado por el Padre y el Hijo para completar la obra de Cristo, transformando a cada creyente y uniendo a los pueblos. Su don nos capacita para conocer la verdad, amar, orar y vivir en paz, con alegría y esperanza. La acción litúrgica, dirigida en Cristo al Padre, es obra del Espíritu Santo. Finalmente, el evangelio es la norma y el criterio de la espiritualidad cristiana, basada en la relación amorosa de Jesús con el Padre en el Espíritu Santo. Debido a que la espiritualidad cristiana tiene a Cristo como su fundamento, el cristianismo no desprecia el mundo, sino que lo asume, lo consagra y busca su perfección. Para este propósito último es el Espíritu Santo el que sirve de motivación o inspiración. Las enseñanzas del evangelio enfatizan una vida cristiana comprometida, personal, social y políticamente como un aspecto espiritual. A esto se suma la pertenencia del creyente a una comunidad, principalmente litúrgica, pero no limitada a lo cultural, como parte integral de la espiritualidad cristiana (Floristán, 2005). Dentro de la Iglesia católica, la espiritualidad es un modo de vida, una forma de existir en el mundo que refleja la aceptación del don de ser hijos, el cual fundamenta la fraternidad a la que el Padre nos llama (González, 2009). En la obra del fundador de la teología de la liberación, Gustavo Gutiérrez (En: González, 2009), se desarrolla en tres etapas principales:

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