Vida religiosa y espiritualidad

36 pontificia universidad católica de puerto rico En primer lugar, se presenta una espiritualidad que implica vivir en el Espíritu, un concepto que Gutiérrez aborda desde la perspectiva bíblica como “vivir según el Espíritu” (Ro 8:5-13), “dejándose guiar por el Espíritu” (Ro 8:14-18) y “caminar en libertad en el Espíritu” (Ro 6:22). La espiritualidad es un proceso que considera la libertad humana y se fundamenta en la misericordia, la compasión y la justicia (González, 2009). Este tipo de espiritualidad se vincula con los movimientos históricos de la época, por lo que vivir en el Espíritu implica leer atentamente los signos de los tiempos y reconocer la presencia del Espíritu de Dios en la vida, con sus desafíos, oportunidades y llamados (González, 2009). “Es una espiritualidad que, bajo la guía del Espíritu, nos llama a vivir conforme al evangelio. Consiste en una forma concreta de manifestar solidaridad hacia los demás, hacia Dios y en su presencia” (Gallego & Ames, 2004, p. 360). En segundo lugar, es una espiritualidad que se experimenta como un recorrido, un camino, que parte del encuentro con el Señor (Gutiérrez, 1972). Este encuentro es crucial para el camino que se debe seguir según el Espíritu: es tema de reflexión y testimonio; es una iniciativa divina (González, 2009); es la experiencia de ser encontrados primero por Él, de descubrir dónde habita, cuál es su morada y hacia dónde y por qué nos impulsa (González, 2009). En tercer lugar, se presenta una espiritualidad que plantea retos al trabajo teológico, enfocándose en el individuo que ejerce la teología, su identidad, su experiencia de fe y su seguimiento del Señor, además de la naturaleza de la teología como disciplina. Todas estas características dan lugar a una teología más plural, interreligiosa y sabia (González, 2009). Las tres categorías con las que Gutiérrez asocia la espiritualidad —misericordia, compasión y justicia— están interrelacionadas, entendiendo la misericordia como compasión y restauración de la justicia (González, 2009). Esto implica ser sensibles al amor de Dios, presente en diversas realidades humanas; sentir compasión por el dolor ajeno; e, identificarse profundamente con su sufrimiento. Es el deseo de liberar a los demás del sufrimiento, la voluntad de aliviar sus penas y un llamado al reconocimiento mutuo como hermanos, que requiere practicar la misericordia y la justicia (González, 2009).

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